Sillón Técnico

Los reyes del mar

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A través de una línea telefónica ruidosa desde Antigua, el regatista Brian Thompson explica los detalles de su embarcación actual. “Mucha gente les llama superautos a estos botes. Para mí, son más como autos para Dakar. Los botes para la Copa América son F1, pero sólo pueden navegar en aguas quietas, es decir, en un circuito. Esta embarcación es de carreras a campo traviesa, un auto de rally; fue diseñada para velocidad y condiciones extremas”.

El mismo bote es el Phaedo3 , un trimarán de 21 metros de la clase MOD70. Es una maravilla en fibra de carbono diseñada con la intención de ser, bueno, un expreso: este navío multicasco es capaz de avanzar sobre las olas a velocidades de hasta 75 km/h.

Thompson, el cocapitán britá- nico del Phaedo3 , junto con el dueño estadounidense, Lloyd Thornburg, habla desde Falmouth Harbour, en Antigua, donde el dúo está por iniciar su campaña 2017 con el RORC Caribbean 600, el evento principal de la temporada de competencias de la región. La lista de las islas que visitarán, Antigua, Anguila, Monserrat, Guadalupe, San Cristóbal y Nieves, es viable para cualquier turista, pero estos no son 965 km necesariamente placenteros.

Para Thornburg, que vuela en su propio jet privado, hace skydiving y maneja autos velocísimos, competir en yates de gran potencia es una extensión casi demasiado trivial. Pese a eso, la pasión intensa de Thornburg por su deporte y la embarcación es infecciosa.

“Comencé con la intención de navegar alrededor del mundo”, explica, “así que construí un bote para ello –un catamarán– y navegué a través del Atlántico del Sur hasta el Caribe. Decidí usarlo para competencias y tuvimos éxito, y luego entramos a carreras de verdad, como Transpac (de Los Ángeles a Honolulú) hace tres o cuatro años”.

En esa competencia Thornburg conoció a Thompson. “Era un regreso largo y solitario, y entonces comenzamos a planear y platicar sobre qué más teníamos que hacer”, dice el primero.

El currículo de Thompson parece un catálogo de cosas por hacer antes de morir en los límites exteriores de las carreras oceánicas. Así como ser el primer británico en romper dos veces el récord de navegación alrededor del mundo, el hombre de 55 años ha ganado la Volvo Ocean Race, el Jules Verne Trophy a la circunnavegación más rápida del mundo, y terminó en quinto lugar en 2009 en la carrera Vendée Globe, que da la vuelta al mundo en solitario. Sin duda, tienen cosas en común, como lo muestra la decisión de ambos –luego de discutir sobre la ruta de vuelta a casa desde Transpac– de mudarse a trimaranes MOD70.

“Me habían dado una vuelta de prueba y pude dirigir uno durante 10 minutos”, dice Thornburg. “Fue una experiencia sorprendente”. Embelesado, intentó alquilar un MOD70, pero no lo logró. El sueño de competir en trimaranes de última tecnología parecía desvanecerse cuando, a finales de 2014, Thompson llamó para decir que vendían uno en Francia. Thornburg no dudó: “Era ahora o nunca. Así que saltamos. Ese fue el inicio”.

Phaedo2

Desde entonces, Thornburg y Thompson han hecho del Phaedo3 quizá el yate más exitoso de su tipo sobre el planeta, con un montón de récords a su nombre, que incluye el recorrido trasatlántico de Bermuda a Plymouth por más de una semana, y luego destruir la marca del héroe de la Copa América, sir Ben Ainslie, de navegar alrededor de la Isla de Wight por casi media hora menos. Más recientemente, la embarcación impuso una nueva marca para el recorrido de Mónaco a Porto Cervo, en Cerdeña, adelantándose al récord por más de dos horas.

“Fue un salto gigantesco pasar del catamarán al trimarán, pero lo importante es que en realidad nos trajo la emoción de un motodeporte”, admite Thornburg. “Mucho tiene que ver con las dificultades y lo extremo de estar a bordo, de gritar por la noche a lo largo de la costa mientras sientes 50 nudos de viento aparente en la cara, te congelas y sales volando por un lado y otro del bote. Probablemente sea el deporte más difícil para demostrar cuán extremo realmente es, debido a que el inicio y el final, por lo general, ocurren en condiciones bastante benévolas”.

Las fuerzas pueden ser extraordinarias, dice Thornburg. “Es una emoción increíble cuando te acercas al límite de lo que puedes controlar. Sentir la potencia pura de la embarcación”.

Thompson está de acuerdo y añade que el bote es capaz de tanta potencia que con frecuencia la clave para el éxito es no buscar más velocidad, sino emplear lo que el trimarán genera.

“Muchas veces debes quitarle un poco de poder a las velas y cambiar el rumbo para quedar en una posición en la que podrías escapar fácilmente si resultas con demasiada potencia y también, en el sentido más amplio, cambiar ya sea a unas velas mayores o a unas más pequeñas. Es como el motor de un auto, pero con la salvedad de que aquí puedes cambiarle los cilindros al motor. Tienes muchas opciones con respecto a qué velas poner; qué dirección debes elegir para ir rápido y a salvo. Cualquiera puede ir rápido durante un rato, pero ir a toda velocidad y a salvo consistentemente es un desafío absorbente”.

Para Thornburg, los extremos son parte fundamental de la atracción. “Siempre estás a una mala decisión del límite; de –para hacer una analogía con las carreras– acabar estampado contra el muro de concreto. En donde se vuelve realmente extremo es cuando llueve por la noche. Es como ser un piloto por instrumentos: ves los medidores y trabajas por corazonadas”.

Además debes mantener el control mientras peleas no sólo contra el clima sino contra los límites humanos, en especial, el cansancio. “Sólo puedes dormir cuando estás contento porque no tendrás grandes decisiones que tomar y estás seguro de que el bote navega de manera segura”, dice Thompson. “Es cuestión de analizar visualmente el clima y el pronóstico, y decir: ‘Bien, creo que hay un par de horas de condiciones estables, así que es seguro descansar’. Y tienes que hacerlo, de otra manera, sólo te perjudicas y tomarás malas decisiones”.

La valoración de Thornburg acerca de la probabilidad de descansar adecuadamente es más cruda: “¡Es como intentar dormir en la parte trasera de una pick-up que avanza por un camino de terracería a más de 100 km/h!”. No sólo dormir se vuelve una tortura; incluso las tareas más simples se hacen problemáticas cuando el Phaedo3 va a toda velocidad. “Es extremo en todo”, añade Thornburg. “Es difícil ponerte el equipo húmedo y estás cansado antes de siquiera salir a la cubierta, puesto que puede ser difícil mantener tu cuerpo en el lugar correcto. Una vez que estás en cubierta, es como si te rociaran con una manguera para incendios. Todo es un desafío cuando vas rápido; hasta lo básico, como preparar té o comer, se vuelve realmente difícil”.

Sin embargo, los errores pueden cometerse no sólo en el calor de la batalla, como descubrió el equipo en la Rolex Middle Sea Race del año pasado. Luego de abrir con mucha ventaja respecto a la embarcación rival de Maserati, la tripulación del Phaedo3 cometió un tremendo error de navegación. Para cuando rectificaron, estaban 100 km detrás de Maserati.

“Hay todas estas otras fuerzas a tu alrededor cuando estás en el mar, cosas que pueden realmente forzar un error. Esto no fue sino un error cometido en un cuarto de hotel tres días antes de la carrera. ¡Sí rodeamos una isla, sólo que no fue la correcta!”.

El equipo compensó la catástrofe con estilo espectacular cuando volvió a toparse con Maserati en la RORC Transatlantic Race en diciembre pasado. “Íbamos hacia la punta de Tenerife y Maserati iba, puede ser, entre 7 y 8 km por detrás de nosotros”, dice Thompson. “Tuvimos que decidir por cuál lado de La Palma ir, así que tomamos la brecha entre esta y Tenerife, lo que conllevaba el riesgo de vientos ligeros. Maserati fue al norte, hacia la punta de La Palma. Nosotros logramos superar el periodo de vientos ligeros y aceleramos, casi 500 km delante”.

A pesar de que las bienvenidas como héroes que les esperan en los puertos donde está la línea de meta, junto con los récords que los regatistas buscan con tanto gusto, son los botines obvios de la competencia, para Thornburg las recompensas van más allá de los galardones. “Con toda la tecnología a nuestra disposición en nuestras vidas diarias, muchos de nosotros tenemos mentes dispersas y el mar tiene algo que nos calma. El simple hecho de estar en este entorno ilimitado, de tener un horizonte interminable ante ti, expande tus pensamientos. Esta amplitud, estar en esa especie de mundo sin forma, es muy relajante y muy interesante para todos nosotros”.

Es esta simpleza el atractivo máximo para Thornburg. De acuerdo con su opinión, se trata de una síntesis de la vida en una serie de momentos muy singulares de claridad. Esto, dice, es la verdadera emoción de competir en una embarcación como el Phaedo3 . “Cuando navegamos, la concentración es tan única y clara… Cuando puedes salir muy lastimado y hay peligros reales, no piensas en el recibo de la luz, ni en otra cosa. Supongo que la gente describe eso como sentir el ritmo o estar en la zona. Poder estar en esa zona por tantos días es para mí… increíble. Eso es, simplemente algo increíble”.

Texto: Justin Hynes

Fotografìa: Kelvin Trautman

Este artículo fue publicado originalmente en The Red Bulletin.

 

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